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Ramón Alberto Garza y Alfonso Romo

Historias de nadie

Diego Osorno

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  • 2007-12-19•Acentos

Jorge Castañeda y Rubén Aguilar escribieron el libro La diferencia, en el cual examinan el desastroso sexenio pasado. El libro tiene nueve capítulos, el último de los cuales fue eliminado a última hora por los propios autores, por presiones del ex presidente Vicente Fox.

Logré tener acceso al texto censurado, en el cual Marta Sahagún revela algunas de las intrincadas relaciones de Los Pinos con medios de comunicación e Iniciativa Privada. Un apartado está dedicado a dos regiomontanos: el periodista Ramón Alberto Garza y el empresario Alfonso Romo.

El subcapítulo se titula: “Ramón Alberto Garza”, y comienza así: “En esta sección de la saga, entra en escena otro personaje, Ramón Alberto Garza, de quien Wornat se hace muy amiga en México. Le cuenta chismes y le da pistas. En un momento dado Marta y Garza sostuvieron una buena amistad; ella era la coordinadora de Comunicación del Gobierno de Guanajuato, y él director de Reforma. La relación siguió en la campaña. En esa época, de manera confidencial, él le enseñaba los resultados de las encuestas antes de que fueran publicadas. Alejandro Junco ni se enteraba.

“La relación empieza a cambiar cuando una vez, Alfonso Romo le solicita a Marta una cita con Fox para comentar la elección en Veracruz y la actividad de los círculos del poder en el país. Vicente le pidió que lo viera ella; se reunieron en el departamento de Romo en México. Allí estaba Garza quien, con supuesta información de Washington, hizo una presentación en la que afirmaba, sin pruebas, que los empresarios de México estaban ligados con uno u otro grupo del narcotráfico. Trabajaba para Romo. Le llamó muchísimo la atención a Marta que utilizara información supuestamente de Washington para acusar a los empresarios. No se salvaba nadie: acusó en particular a Olegario Vázquez Raña y a Roberto González. Marta se quedó callada; era amiga de ambos.

“El interés de Romo en Veracruz residía en la candidatura de Dante Delgado, aunque hacían creer que apoyaban al PAN. Romo y Garza acusaron a Creel de negligente: según ellos, la candidatura de Delgado encerraba más posibilidades que la del panista Gerardo Buganza. Buscaban un acuerdo para que declinara Buganza y el PAN apoyara a Dante. Marta no podía darles la razón contra Creel, pero tampoco quería abrir una discusión.

“Romo y Garza sugirieron que Creel negociara la alcaldía del puerto para ganar el estado. Le informó a Fox pero reaccionó mal: ‘Están locos, eso no puede ser’. A partir de esa reunión, Dante la odia, aunque no tuvo que ver con la decisión; correspondió a Gobernación. La posición visceral de Convergencia en la comisión que investigaba supuestos actos de corrupción de funcionarios relacionados con sus hijos se explica por ese odio de Dante Delgado.

“Ese fue su primer reencuentro con Garza; había perdido contacto con él, luego de que dejó la dirección de Reforma. Poco después, Garza buscó verla para pedir una cita con Fox. No había podido pasar la puerta de Durazo. Marta lo atendió y escuchó su idea: se autoproponía como coordinador de Comunicación Social de la Presidencia. Marta fue muy clara y explicó que la decisión sólo podía tomarla el Presidente. Sugirió que viera a Durazo y solicitara una cita con Fox. Marta conservaba un buen concepto de Garza y pensó que podía desempeñar un buen papel en esa responsabilidad; además venía con la recomendación de Romo.

“Según Marta, el nombramiento no se produjo porque Durazo se opuso y filtró la información de que Marta lo había bloqueado. Ella tiene pruebas de que al mismo tiempo que Durazo le juraba a Garza que él lo promovía con Fox, y que Marta no quería, lo vetaba. Ella sí quería que entrara Garza e incluso llegó a decirle a Fox: ‘Creo que te podría hacer un gran trabajo en comunicación, y más si viene con un ascendiente moral como es Poncho Romo’. “Marta sabía que Garza se peleó con Reforma, El Universal y Televisa, pero que de todos modos podía ayudar. Al final, en la decisión del Presidente contó mucho el conflicto de Garza con esos medios. No quería abrir un frente con ellos. Más adelante Marta celebró un segundo encuentro con Garza; esta vez pidió ser nombrado embajador de México en Washington. De nuevo respondió que para eso necesitaba hablar con Fox. Marta sabía que no podía ser, pues no tenía experiencia en ese campo.

“Supo después que Garza concluyó que ella lo había bloqueado. A partir de ahí, Garza se convirtió en un enemigo. Lo sigue siendo”.

diego.osorno@gmail.com