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Fumar en tiempo de canallas

El asalto a la razón

Carlos Marín

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  • 2007-12-10•Al Frente

Quién sabe de dónde la sacó Ciro Gómez Leyva, pero es una definición exacta para la cacería de fumadores que se avecina: “fascismo sanitario”.

Envueltos en la bandera de la modernidad, los profilácticos hacedores de leyes están resueltos a que quienes tienen (tenemos, Kimosabi) el gozoso vicio del tabaco sean tratados como leprosos en la época oscurantista, manteniéndolos lejos de “los sanos” porque el viernes reciente, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó la Ley General para el Control del Tabaco.

Los diputados prevén severas sanciones para los fumadores (cárcel de 36 hortas y multas de seis mil pesos) y establecimientos (hasta diez mil salarios mínimos) que no acaten la nueva norma; engendrarán “zonas libres de humo” y alentarán la delación (propia de los regímenes totalitarios) con la figura “denuncia ciudadana”.

Presidente de la Comisión de Salud, el panista Éctor (sin H) Ramírez Barba dice que lo que se busca es “proteger los derechos de los no fumadores”.

Juar juar juar: lejos de “proteger” a nadie, la embestida institucionaliza una vil discriminación, tan ominosa como la que padecieron hasta antes de que se les reconocieran sus derechos a las mujeres, a los homosexuales y a los discapacitados, equiparable a la que se aplicara contra bebedores de alcohol o comedores de hamburguesas y garnachas.

Ni Einstein habría resuelto el misterio que entrañan las penalidades: ¿Por qué si alguien fuma mariguana la multa es de mil a mil 500 pesos, pero a los que fuman cigarrillos los multarán con diez mil?

Salvador Rocha Díaz, diputado en la 58 Legislatura, ganó un amparo en un Tribunal Colegiado para que no se le impidiera fumar durante las sesiones del pleno de la Cámara de Diputados, con el argumento de que “la Ley General de Salud constituye una clara violación a los derechos humanos de los fumadores y, en consecuencia, a sus garantías individuales”.

Antonio Abasolo, fundador de la organización Yo Fumo, sostiene que la discriminación es el punto nodal de la ley, pues atenta contra el Artículo Primero de la Constitución.

Según sus cifras, los que serán segregados alcanzan la cifra de 20 millones, casi la quinta parte de la población total del país.

Llevados a rastras hacia un mundo que prometen mejor tan sólo porque en él no serán respetados como personas los fumadores, a los promotores de esta persecución hay que recordarles que también enferma la comida chatarra, y que los borrachazos causan el mayor número de accidentes vehiculares.

La temporada de caza empieza en abril, cuando los viciosos empezarán a beber el chocolate de los primeros cristianos:

Al grito de “¡ahí va uno!” y de “¡allá va otro!”, turbas de “sanos” corretearán a fumadores que acabarán refugiándose, no en catacumbas, sino en alcantarillas, avergonzados, asustados y jadeantes, pero disfrutando pese a todo hasta el último golpe de su preciada bachicha.

cmarin@milenio.com