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Quién quiere vivir para siempre, la obra ganadora

Para Elmer Mendoza el Premio Tusquets

Se hizo acreedor a una estatuilla de Joaquim Camps y a 20 mil euros.
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  • 2008-11-16•Cultura

<b>Un paso importante para dar a conocer</b> su obra fuera de México.
Un paso importante para dar a conocer su obra fuera de México. Foto: Humberto Muñiz

A Elmer Mendoza lo invitaron a la Feria Internacional del Libro sin decirle las verdaderas razones por las que la editorial lo quería en la ciudad. El motivo se lo revelaron por la mañana de ayer: se había convertido en el segundo ganador del Premio Tusquets Editores de Novelas —su primera edición se declaró desierta y la segunda le correspondió al colombiano Evelio Rosero.

“El jurado ha valorado la rabiosa modernidad en el uso del lenguaje, en la estructura narrativa hermanada con los últimos lenguajes televisivos, y en el ritmo endiablado que, como la mejor novela clásica, no da tregua al lector hasta su desenlace”, leyó del acta del jurado Beatriz de Moura, directora general de Tusquets Editores.

La novela lleva por título Quién quiere vivir para siempre, seleccionada de entre 246 trabajos que respondieron a la convocatoria por Almudena Grandes, Juan Marsé, Jorge Edwards y Evelio Rosero —quienes complementan al jurado—. Beatriz de Moura, destacó el hecho de que el galardón se la haya otorgado a Elmer Mendoza (Culiacán, 1949) por unanimidad, lo que en los premios que entrega la editorial española, Comillas y La sonrisa vertical, no ha resultado común.

Se trata de la historia de un agente de la policía ministerial, El Zurdo Mendieta, que debe investigar el asesinato de Bruno Canizales y la lucha por el poder que rodea a esa muerte, lo que le permite una pausa para dejar de pensar en la única mujer a la que amó y que lo abandonó.

“La literatura que hago tiene que ver con el pueblo al que pertenezco, la región en la que crecí, mi educación en la universidad. Siempre hablaré casi de lo mismo y la novela se mueve en ese territorio, que es el de la violencia, el del delito.

“La diferencia podría ser que antes escribí novelas que habían sido clasificadas como novelas policiacas y nunca quise hacer eso. Ahora sí he querido contar una novela policiaca, a la manera clásica del género.”

La internacionalización

El autor de El asesino solitario o El amante de Janis Joplin llegó a la capital de Jalisco con la intención de participar en algunas presentaciones de libros, aunque con cierta expectativa al saber que en el marco de la FIL se anunciaría al ganador del premio, que se le dio a conocer muy temprano. No antes.

Por ello no había sorpresa en el rostro de Elmer Mendoza cuando se dio a conocer al nombre del ganador —que lo confirma como “un escritor de primerísima fila en la escritura hispánica, de acuerdo con los editores—, no así al momento en que se dijo en qué consiste el premio, una estatuilla diseñada por Joaquim Camps y 20 mil euros por concepto de anticipo de derechos de autor.

Una literatura que no sólo se define por las historias de violencia en el norte del país, sino por su manera de contarlas: un lenguaje que tiene como propósito primordial narrar de forma agradable,

“A mí la escritura me sirve para expresar lo que veo. Siempre he dicho que no aspiro a dictar reglas de nada, simplemente cuento lo que me toca escuchar, leer y, eventualmente, ver, como abusos o actitudes de prepotencia.” Sin embargo, el escritor también lucha por hacer a un lado la imagen de su literatura, porque, dice, en realidad ahí están todos: se aparecen quienes tienen conductas correctas y los que andan metidos en actividades ilegales.

“Nosotros, los escritores, manejamos a nuestros personajes en el límite, en el filo de la navaja, aunque sabedores de que los malos son los que ya no se redimen. “Ellos mismos saben que ser malo es tomar una decisión definitiva. Nadie que intente cambiar lo va a lograr.”

Elmer espera que el premio se convierta en un paso más hacia la internacionalización de su obra, “un paso largo” porque le abriría la oportunidad de estar en cualquier lengua y cualquier sitio.

“En los últimos años me he puesto a pensar cómo es que uno se compromete con un territorio, donde te mueves muy bien y logras construir un discurso que funciona. Probablemente no podría escribir poemas y cuando he intentado escribir novelas de otra factura, tengo muchos problemas. Creo que me falta madurar un poco para escribir esas otras historias.”

Al final, la mayor aspiración de este exitoso escritor sinaloense es que sus lectores teman morir antes de terminar su libro; por ello utiliza al lenguaje y ritmo que caracterizan su narrativa, más allá de la violencia que parece definir a su tierra por la presencia del narcotráfico.

Guadalajara/Jesús Alejo