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Hombre de celuloide

Los nuevos valores de la clase media

Hay entre los amantes del arte un prejuicio muy general que supone que las grandes obras, para serlo, tienen que ser complicadas, aburridas y de preferencia difíciles de leer.
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  • 2008-11-16•Cine

Hace muchos años vivía en la ciudad más grande del mundo un maestro de cine a quien una alumna sorprendida le comentó:

—Todo lo que dices de esa película que tanto te gusta se verifica en Shrek.

—Sí —le respondí.

—¿Y? ¿Shrek es una gran película?

Lo pensé un rato y luego dije:

—Sí. Supongo que sí.

Hay entre los amantes del arte un prejuicio muy general que supone que las grandes obras, para serlo, tienen que ser complicadas, aburridas y de preferencia difíciles de leer. Algunas de hecho lo son. Otras no tanto. La obra de Andersen, por ejemplo, es gran literatura hecha de ligereza, de placer. Y gozo.

Una lectura superficial de Shrek podría llevarnos a pensar que su gracia está toda en que tergiversa los manoseados valores del cuento de hadas. Como sea, tergiversar con el éxito de esta serie el género del cuento de hadas es ya en sí un triunfo. No se trata de un género fácil, y para prueba habría que echarle un ojo (mejor los dos) a la obra Morfología del cuento ruso, del estructuralista Vladimir Propp.

Y aun así, si uno se fija, Shrek trasciende la mera tergiversación y, como descubría mi alumna, toma una postura a veces incluso radical contra los valores típicos de Norteamérica y trae a presencia en una obra de arte los nuevos valores de la clase media.

Así, valdría la pena subrayar el hecho de que el malo en este cuento es un típico WASP: niño mimado de rubicunda cabellera y acento británico. El malo, en la otra mano, es un ogro gordinflón que en alguna parte de esta tercera parte espeta un juego de palabras que (en inglés) está fundado en la consonancia entre “ogro” y “negro”. Habrá que hacer conciencia también de que los buenos son mestizos (¿hay acaso algo más mestizo que la cruza de un burro con un dragón?). Los malos, por su parte, sólo se casan con sus iguales. Los buenos hablan inglés con “acento”, mientras que los malos pronuncian con una “pureza” digna de Winston Churchill. Y si bien es cierto que algunos valores del Deep America están aquí puestos de cabeza (un travesti aceptado en el baby shower de la princesa Fiona, por ejemplo), también lo es que la moraleja típica de los grandes cuentos de hadas queda intacta: el bueno lo es ante todo porque es fiel a sí mismo y porque está dispuesto, en libertad, al sacrificio.

De las tres películas de Shrek ésta es la más floja, y sin embargo yo —subjetivamente— volvería a verla por dos cosas: por la secuencia de la muerte del rey Harold y por Arturo, ese rey siempre adolescente que aquí ha salido de un típico High School de Estados Unidos. Estoy convencido de que el ciclo artúrico es uno de los monumentos más altos en la historia del arte humano, y si revive hoy a través de películas como Shrek, Indiana Jones o Excalibur, santo y bueno: Arturo será siempre el único monarca legítimo de ese reino que (disfrazado de Hollywood) en realidad se llama Far, Far Away.

http://serpentcharmer.blogspot.com/

Shrek the Third. Dirección: Chris Miller y Raman Huir. Guión: Jeffrey Price, Peter Seaman, William Steig, David Stem, David Stem, David Weiss y John Sack, basados en una historia de Andrew Adamson. Música: Harry Gregson-Williams. Con las voces en inglés de: Mike Myers, Eddie Murphy, Cameron Diaz, Antonio Banderas y Julie Andrews. Estados Unidos, 2007

Fernando Zamora