El Bosé reciclado
2008-11-16•El Ángel Exterminador
Hijo de la actriz italiana Lucía Bosé y del torero Luis Miguel Dominguín, el destino de Miguel Bosé estaba marcado para el arte. Su privilegiado entorno le permitía presumir su cercanía con Picasso, a quien trataba de abuelo, como podía leerse en las entrevistas que le hacían en Vanidades. Su belleza como imberbe era tal que el director italiano Luchino Visconti, su padrino, lo pidió para el papel de Tadzio en La muerte en Venecia, tarea que al final le fue dada a un joven nórdico.
En su faceta de actor ya en la segunda edad hay que decirlo, destaca su aparición en dos cintas notables: Tacones lejanos, de Pedro Almodóvar, la más conocida, y La reina Margot, del francés Patrice Chéreau, ésta sí, una obra maestra.
Al final, de todas las opciones que tuvo, Bosé decidió ser cantante pop. Aunque grabó un disco en su época bubble gum (bajo el manto de Camilo Sesto), él considera que su carrera nace cuando graba Linda, cover al tema del mismo nombre del grupo italiano I Pooh, que forma parte de la constelación del rock progresivo italiano. Después siguieron otros amelcochados hits y hasta aquí parecía que Miguelito no iba trascender el estereotipo de cantante con voz y cara bonita.
Pero algo sucedió, Bosé tuvo su sueño chamánico: se desmembró y reintegró, al momento de lanzar el álbum Bandido (1984), que marcará un antes y un después en su trayectoria (Made in Spain, del año anterior, fue un intento por dejar atrás su imagen fresa que no fructificó, con todo y su warholiana portada.)
En México, el público exigente se acercó a su propuesta por dos nombres que aparecen en el álbum: el productor Roberto Colombo y el compositor Peter Hamill. Si el ultraprogresivo Carlos Alvarado, miembro de Chac Mool, paseaba el disco sin pena alguna en el tianguis del Chopo, se debía a que Colombo fue integrante de Premiata, el grupo emblemático del progresivo italiano, mientras Peter Hamill, por su parte, fue el líder de la banda inglesa Van der Graaf Generator, otro de los grupos pilares del progresivo. Hamill le regaló a Bosé South of the Sahara y Domino mundi.
Horizonte de las estrellas, el otro hit del disco, tiene la virtud de no rebosar melcocha como Linda o Te amaré. Los dos temas de mi cuatacho Peter Hamill están en miscast a pesar de las buenas intenciones.
Salamandra (1986), producido también por Colombo, viene a confirmar que el cambio de Bosé anunciado en Bandido no era una golondrina que hiciera verano. La virtud de los álbumes que muestran su madurez como artista la hexalogía que incluye Bandido, Salamandra, XXX (1987), Los chicos no lloran (1990), Bajo el signo de Caín (1993) y Laberinto (1995) es que cada uno es mejor que el anterior.
Un nuevo ajuste se da en XXX. Hay cambio de productor; el encargado es ahora el tecladista inglés Tony Mansfield, fundador de New Musik y productor de B-52, Naked Eyes y Yukihiro Takahashi, y Bosé retoma su timbre suave. Los chicos no lloran cierra la primera etapa del nuevo Bosé. La producción corre a cargo de Roberto Colombo, y de Enzo Feliciati y el propio cantante. Bambú, Senza di te, Hojas secas, Aquel sendero y Otro son algunas de las piezas apreciables.
Tras el intermedio que fue Directo 90, Bosé se da un tiempo antes de volver a entrar al
estudio de grabación. Bajo el signo de Caín y Laberinto, producidos por Ross Cullum y Sandy McLelland, son sus obras mayores porque no sólo rompen con la duración promedio de una canción pop la duración promedio de las rolas es de seis minutos, sino que además lo hace con gran solvencia y calidad explorando el sonido alcanzado por Peter Gabriel y Sting en los ochenta.
Su disco de celebración, Papito, presenta dúos con artistas variopintos patodos los disgustos. Allí reinventa y revisita rolas clásicas que en algunos casos tienen su encanto (su gran lujo fue hacer dueto con Michael Stipe, de REM, en Lo que hay es lo que ves), pero que en otros hace las concesiones inevitables como en Nena, que canta con Paulina (en la edición especial se incluyen duetos posmodernos con Manzanero y Chavela Vargas). No creo que Bosé deje de ser consecuente con su idea artística, así seguiremos esperando esas dos o tres piezas para antologar.






