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Dominic Gill - Biólogo y aventurero

Por América en bicicleta

Este joven británico ha recorrido 10,229 kilómetros desde Alaska a Guadalajara. Le faltan veinte mil. El mayor riesgo, aventurarse. Lo complicado, despedirse de los amigos que hace al paso. ¿Y lo difícil? Resistir al viento.
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  • 2008-11-16•En privado

Foto: <b>Marco A. Vargas</b>
Foto: Marco A. Vargas

Dominic se sentía demasiado cómodo con su vida de biólogo ambientalista. Necesitaba una aventura de retos imprevistos. Renunció a su trabajo, pidió quince mil dólares prestados y tomó un vuelo de Inglaterra a Alaska. Planeó un recorrido de 20 mil millas en bicicleta, algo así como 32,180 kilómetros, la distancia entre el norte de Alaska y el sur de Argentina, de Prudhoe Bay hasta Ushuaia.

Está de paso por México, y de parada en Guadalajara. Desde que partió, en junio de 2006, su ruta ha sido improvisada, sólo marcó algunos sitios de visita obligados, pero el resto son parte de la casualidad. Así pasó la frontera de Alaska; de Vancouver, en Canadá, a San Francisco, en Estados Unidos. De ahí a Los Ángeles. Luego entró a México por Tijuana, siguió por Mazatlán, Puerto Vallarta, San Sebastián del Oeste y Amatlán. Continuó a Guadalajara y de aquí va a Ocotlán. En un futuro a Panamá, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.

No tiene fechas programadas. Su itinerario lo trazan las recomendaciones de los nuevos amigos que hace en el camino. Si lo invitan a pasar a alguna casa, entra; si le dicen que hay fiesta, va; si le piden que dé una conferencia, la da. Dominic Gill sólo quiere inspirar a otros: “La gente debe saber que puede ser más capaz de lo que piensa. Lo que hago es para que se den cuenta que es posible”.

Cualquiera puede distinguir a Dominic en la calle o carretera. Su tándem (bicicleta de dos asientos, fabricada en Londres) no es habitual. Mide 3.5 kilómetros de largo y pesa cien kilogramos. Es verde. Al frente del manubrio delantero adaptó una paleta donde lleva un mapa plastificado, al lado una brújula. En el extremo la tercera rueda, la más pequeña, donde lleva la carga del equipaje, bolsas oscuras y regordetas de ropa para sobrevivir a cada estación; una estufita de gas, una bolsa de dormir, una casa de campaña y un casco extra. Ése por sí algún voluntario se anima a pedalear algún tramo del viaje con él. Lo han hecho y Dominic acepta a quien se aliste.

Cuando el londinense entró a Guadalajara llevaba recorridos 10,229 kilómetros. Sin accidentes ni enfermedades que contar, lo dice, cruza los dedos y toca madera. En Estados Unidos le advirtieron la peligrosidad de México, pero no precisamente las angostas y torcidas carreteras. La sorpresa fue encontrarse con un país de gente amable donde los conductores lo respetan más que en Estados Unidos.

Antes de entrar a México, Dominic decidió probar su resistencia y recorrió 193 kilómetros sin parar. Un acto de tenacidad voluntario a diferencia de las 24 horas que se ha quedado sin comer o la vez que se enredó una serpiente en el rin delantero de la tándem.

El mayor riesgo, aventurarse. Lo complicado, despedirse de los amigos que hace al paso. ¿Y lo difícil? Resistir al viento. ¿Y después de Ushuaia? “Necesito otra aventura. Me gustaría tener una familia y construir una casa”.

Hace siete meses, cuando salió de Alaska, Dominic tenía 25 años, hoy 26, diez kilos menos y las piernas más fuertes. Su recorrido puede seguirse a través del sitio www.takeaseat.org, http://www.blue-ant.tv/takeaseat/home.php o ayudarle a pedalear. Hay un asiento y casco disponible.

Guadalajara / Patricia Martínez